El amor entre mujeres es un amor especial. Un amor de pares que se entienden sin hablar, de abrazos dulces, de miradas profundas donde las pestañas se convierten en abanicos que suavemente transmiten la cadencia del amor.
Inga vivìa en Suecia. Desde joven habìa sabido que sòlo podrìa amar a una mujer. No tenìa dudas al respecto y a sus treintipico habìa tenido un par de parejas. Pero no "el" amor.
Tenìa un grupo de amigas que gustaba de ir en Estocolmo a un bar latino, y la verdad fue que aunque al comienzo le chocò un poco aquella gente que hablaba fuerte y escuchaba esa mùsica movida y caliente, luego comenzò a sentirse muy a gusto y frecuentar cada fin de semana el lugar.
Un dia fue invitada a una reuniòn de agasajo a una amiga que venìa desde Amèrica. Todas estaban contentas y querìan escuchar relatos de aventuras en aquel continente lejano, y mientras todas tomaban bebidas y reìan, la viajera exhibìa fotos en su telèfono mòvil. Y asì Inga vio por primera vez a Lucìa.
Nunca supo el porque del flechazo. Sòlo supo que adorò sus ojos y sus labios en aquella primera foto. Cuando preguntò por su identidad, la dueña del mòvil le dijo que Lucìa era la persona que atendìa la recepciòn del hotel adònde habìa estado alojada.
Pero que no sabìa màs.
Volviò caminando en la noche helada, y alejàndose de la zona de Stureplan, pensando en aquella mujer bella y desconocida que sòlo a travès de una foto la habìa enamorado.
No comprendìa que extraña magia la habìa invadido, a ella, tan metòdica y organizada, tan correcta y puntillosa, què de repente deseaba locamente saber acerca de esa Lucìa ignota.
Quizà mañana pasara.
Quizo el destino que al otro dia se cruzara de nuevo con la amiga viajera, dueña del mòvil, y entonces Inga no pudo contenerse y le pidiò si le permitìa pasarle a su mòvil la foto. La amiga se rio y le dijo que si, que si la hacia feliz...ahì tenìa su foto....Inga llegò a preguntarle dònde trabajaba la joven de la foto, y la mujer le dijo que en el Grand Hotel en Montevideo, Uruguay.
Aquella tarde pasò de una forma extraña. Miraba la foto, pensaba, y cuando el recuerdo comenzaba a diluirse, volvìa a la foto. Y esa Lucìa que se habìa metido en su alma de golpe estaba tan lejos...
Los dias no le dieron paz, e Inga se preguntaba a sì misma còmo hallarla. Se preguntaba en què lugar el destino le habìa preparado esta trampa de amor sin salida. O si la tenìa era realmente complicada.
Comenzò a dar vueltas en su cabeza viajar. Y si se tomaba las vacaciones que le debìan? Y si se reservaba un vuelo e iba a Montevideo?
Quince dias despuès abordaba un aviòn. Querìa deshacer el conjuro de los labios de Lucìa. Volando a ella.
La reserva de hotel estaba obviamente hecha en el Grand Hotel, y cuando llegò temprano a la mañana habìa un hombre en la recepciòn. Sufriò un poco de decepciòn de no hallarla, pero se dijo que seguramente durante el dia la encontrarìa. Y subiò a descansar.
Cuando bajò para la hora del almuerzo su corazòn casi da un vuelco. Allì estaba el objeto de sus deseos, la razòn de su viaje. Alta, de cabello largo y lacio,unos ojos miel tan bonitos còmo estaba en la foto, allì frente a ella estaba su Lucìa.
Còmo deseaba observarla se sentò en una mesa del bar del hotel desde dònde tenìa perfecta visual, y cafè mediante, se deleitò pudiendo tenerla tan cerca.
Pronto Lucìa se dio cuenta. Pronto ambas se observaban.
Inga no podìa creer en su suerte. Lucìa al menos reparaba en ella, y aunque no sabìa adònde terminarìa todo, al menos tenìa su atenciòn.
No pudo moverse casi de ese bar durante las 6 hs que estuvo Lucìa trabajando. Los miles de kilòmetros recorridos se lo impedìan. Verla era ser feliz.
Pensò còmo la abordarìa. Y si no hablaba inglès? Y si era hetero?...en la cabeza de Inga iban sucedièndose las preguntas..y còmo hacer para llegar a ella.
Lucìa trabajaba en el hotel gracias a una conocida que la habìa hecho entrar. No conseguìa trabajo y ubicarse allì la estabilizò, y aunque no iba a progresar demasiado en ese puesto tampoco se preocupaba de ello. Sentimentalmente era indefinida. A veces salìa y un hombre la hacìa sentir bien, y otras, en algùn bar y despuès de varias copas se sentìa a gusto con una compañìa femenina que la abrazara y la hiciera sentir amada, contenida.
No se preocupaba de eso, era bastante liberal. Lo que realmente deseaba en la vida era hallar un amor, alguièn que le volara el corazòn en un abrazo, que la sorprendiera desde el alma, que fuera esa otra mitad tan ansiada. Alguièn especial.
Aquella tarde cuando entro a trabajar notò enseguida a aquella rubia bonita que la miraba insistentemente. Mirò la lista de pasajeros registrados y cuando vio que figuraba una Inga no se què, se imaginò que era ella.
Durante toda la tarde se preguntò porque estaria allì en el bar, nadie venìa en su bùsca y cada tanto la pillaba observàndola. Cuando terminara su turno irìa a ver que le pasaba. Las intrigas no eran para ella.
Fue una tarde de miradas, de pensamientos, de sensaciones. Y cuando se terminò el turno de Lucìa, esta tomò su cartera y se dirigiò derecho hacia Inga.
Hablaron en inglès. Cuando Lucìa le hablò acerca de si sucedìa algo, Inga saliò del paso argumentado que buscaba una guìa de turismo y que no sabìa si ella lo serìa. Ofreciò una paga diaria interesante y el tiempo de contrataciòn serìa de una semana.
Lucìa quedò descolocada. Le habìa parecido que la rubia estaba interesada desde otro punto en ella, pero podrìa haberse equivocado.
Dado que el dinero que ofrecìa Inga era interesante se pidiò la semana en el hotel. No le venìa de màs aquel golpe de dinero, por lo que se organizò para enseñarle los encantos de su ciudad.
Inga estaba feliz. No podìa creer en su suerte. Una semana completa con Lucìa a su disposiciòn. No le importaba pagarle con tal de que estuviera cerca suyo. Para enamorarla.
Al otro dia arrancaron con un dia de playa. Rieron y compartieron y por la noche salieron tambièn juntas.
Asì cada dìa de esa semana fueron muy felices, muy compañeras, muy cercanas. Inga morìa de amor, y cada dia se felicitaba de haber tenido el coraje de hacer ese viaje, de haber haberle hecho caso a su intuiciòn.
Lucìa cada dia que pasaba estaba màs confundida. Si bien conversaba en inglès con Inga, habìa momentos en que las actitudes de ella la confundìan. Pero no le molestaban.
Pasaban los dias y se hacìan màs ìntimas. Lucìa iba presintiendo algo en la sueca, pero prefiriò no decir nada. Despuès de todo Inga partirìa y nada se podrìa hacer. No querìa sufrir.
Una de las ùltimas noches fueron a una fiesta en una disco con pileta. Bebieron de màs y riendo se metieron al agua.
Quizàs fue la magia de la noche, quizà el alcohol, quizà todo lo no hablado. Pero se besaron. Se acariciaron. Se amaron. Y no soltaron sus manos en lo quedò de la velada.
Los dias que quedaron de estadìa de Inga fueron una explosiòn de amor. Los ojos de ambas eran un abrazo constante. A veces luego de estar disfrutando, Lucìa se echaba a llorar. Inga se irìa.
La sueca estaba desesperada. Dejar a Lucìa era còmo un dolor sordo, insoportable. Pero tenìa que volver.
La mañana que partìa se sentaron a conversar e Inga le hizo la siguiente propuesta: se tenìan que mantener alejadas por tres meses, el tiempo en el que ella podìa organizar su vida en Estocolmo para que Lucìa fuera. Le propuso que vivieran allì juntas, que Inga la cuidarìa y protegerìa.Queria que fuera su mujer.
La promesa la sellò con un anillo que la rubia le entregò a Lucìa. Se prometieron soportar la distancia mitigando el dolor de la separaciòn a travès de la web.
Y comenzaron las videoconferencias diarias dònde se acompañaban, dònde se amaban.
No era fàcil para ninguna de las dos. Ambas tenian sus dias de amor, sus dias de penas, sus dias de odios, porque muchas veces los celos empañaban el sentimiento.
A Lucìa la ponìa nerviosa no entender que era lo que posteaban las amigas de Inga, y, traductor mediante, escudriñaba su muro.
A Inga la enloquecìa pensar que Lucìa podìa enamorarse de un hombre, olvidarla, y asì, en medio de tormentas de sentimientos y remansos de amor fueron pasando los dias entre chats y mails constantes.
Y llegò el dia en que la rioplatense tuvo pasaje en mano y papeles en regla para entrar a Suecia. Inga contaba las horas. Lucìa estaba radiante. Su Amor la esperaba.
Durante el vuelo jugueteaba con su anillo de compromiso. No la habìa abandonado. Habìan luchado por su amor y lo estaban consiguiendo. Se relajò y se durmiò.
Nunca se enterò que no llegò a destino.
El aviòn cayò en el oceàno y se destruyò en miles de partes. Cuando Inga recibiò la noticia estaba parada junto a la puerta de salida de pasajeros con un ramo de flores en la mano.
Vio a la policia que hablaba con la gente, que prontamente lloraba.
No quizo preguntar.Tiro el ramo en un cubo de residuos y saliò al aire frio de la noche.
Su Lucìa y ella eran ahora dos gaviotas solitarias en el mar de la vida. Y debìa convertirse tambièn ella en pàjaro para hallarla.
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